BLOG

Lee los últimos
artículos sobre
protección de datos

Big data: los peligros de vivir conectados

Más de 200 millones de correos electrónicos, unas 7.000 compras en Amazon, unos 4 millones de búsquedas en Google. Todo esto se produce hoy, en todo el mundo, en un solo minuto. Si añadimos todas las bases de datos públicas y privadas en el que están incluidos los ciudadanos, el rastro que dejamos con los móviles, las tarjetas de crédito, los navegadores, las cámaras de seguridad y muchos otros dispositivos, el resultado es que todos proporcionamos, de forma consciente o inconsciente, una gran cantidad de datos personales. Y esta es la moneda con la que pagamos servicios aparentemente gratuitos.

Todo esto significa que muchas empresas tienen unos perfiles muy detallados de nuestra personalidad, hábitos y actividades. Un ejemplo lo da la información que una usuaria llamada Raquel encontró cuando buscó en Google donde estaba un año atrás:

“A ver? Sí, a las ocho menos cuarto ya estaba en Terrassa, en el Instituto Montserrat Roig, porque hice de tribunal de oposiciones de maestros. Estuve dos horas y media. Después, cojo el coche y me voy a Cervelló, que es donde viven mis padres. Y después como allí, por horario, y en las cuatro y diez vengo hacia Sant Cugat, en mi casa. “

Esta era una parte de la información. Había aún más datos que pueden dar la impresión, nada desencaminada, que nos tienen controlados. Todos estos datos serían inútiles si no fuera por el “big data”, que permite procesarlas, como explica Jordi Vitrià, profesor del Departamento de Matemáticas e Informática de la Universidad de Barcelona:

“Es una tecnología que nos permite procesar grandes volúmenes de datos y no especialmente para hacer cosas muy complicadas. Simplemente, si yo tengo un gran volumen de datos y con mi ordenador convencional no puedo procesarlo, necesito tecnología de ‘big data’. “

El “big data” tiene muchas aplicaciones positivas. Para explotar billones de datos a menudo hay que contar con superordenadores como el Mare Nostrum, la pieza clave del BSC, el Barcelona Supercomputing Center. Con la Covidien, una parte del trabajo de los equipos del centro se ha dedicado a estudiar aspectos diferentes de la enfermedad. Cita varios Alfonso Valencia, investigador y profesor ICREA y director del Departamento de Ciencias de la Vida del BSC:

“Desde proyectos de un nivel molecular, diseño de fármacos y diseño de vacunas, hasta un nivel celular, intentar entender cuáles son las dianas que se pueden utilizar en el genoma humano para hacer nuevos medicamentos, hasta el nivel de población , en el que intentamos comprender cómo se esparce la epidemia y colaborar con los sistemas de salud previendo donde llegarán casos, con qué probabilidad, con qué afluencia, desarrollar modelos de la epidemia, etc. “